Un
compañero denominó panradicalismo a la gran cantidad de radicales que hoy integran otras fuerzas políticas. Son los ex radicales, aquellos que, sintiéndose sin lugar para hacer crecer sus espacios, se fueron a construir poder a otras estructuras. Se fueron, prácticamente expulsados, centrifugados por la disputa interna del poder.
La Ucr siempre fue un partido de mucha interna y eso no es ninguna novedad. Pero la interna reflejaba los matices que podía tener el primer partido nacional y popular del país. Del internismo surgió Yrigoyen, uno de los primeros líderes carismáticos argentinos. Pero también Alfonsín y Alvear. La interna siempre construyó, colaboró a encontrar el camino de los dirigentes radicales.
Desde hace unos cuantos años, y me remitiría al gobierno de Alfonsín, la interna, en lugar de construir, tiende a resquebrajar la estructura partidaria. Ya el Pacto de Olivos en 1994 tendió a no escuchar a grandes sectores partidarios. Después del fracaso económico y la debacle política de 1989, el partido centenario había quedad muy debilitado. Alfonsín puso un pretexto: "ponerle límites a Menem". La historia dirá si fue tan así.
Luego de mucho batallar, surge la Alianza. Una ensalada de peronistas y radicales con aroma a progresista pero sin confianza entre ellos. Una alianza progre que llevó en 1999 como candidato a presidente a un radical conservador. La semilla de otro fracaso con incumbencia radical.
Luego del 2001, el partido llevó de candidato a presidente a Leopoldo Moreau, algo que sólo sirvió para ratificar la baja adhesión del electorado. La peor elección en la historia de la Ucr: el 2% de los votos. El fiasco político que debería haber invitado a unos cuantos a promover una renovación, si no de ideas, por lo menos de caras, que no es mucho pedir...
El dilema de MargaritaEsos pasos al costado que no se dieron, resultaron en el recrudecimiento feroz del internismo. Un radicalismo que en lugar de incorporar gente, se dedicó a expulsar dirigentes. Elisa Carrió, Ricardo López Murphy, y finalmente Margarita Stolbizer.
La dirigencia del partido hoy lleva de candidato a presidente a un peronista. Y eso demuestra el grado de desintegración radical. Un partido centenario incapaz de buscar entre sus filas a un líder potable para candidatear.
Para colmo, en lugar de escuchar a Margarita, la obligaron a irse del partido. La imagen fue elocuente: ella, en su acto de lanzamiento, acompañada por muchos intendentes, legisladores y militantes de toda la provincia. Ricardo Alfonsín, lejos de toda algarabía, con un seco acto en el que hubo 4 intendentes.
Un militante que estuvo en los dos actos de lanzamiento me decía que había sido tristísimo lo de Ricardo. No era para menos. Pero dejó claro algo. El radicalismo bonaerense pedía a gritos una renovación. Y Margarita viene construyendo su espacio y caminando la provincia desde hace años para hacerse un lugar. Pero la entente Moreau, Alfonsín y Storani no la dejaron.
Y el partido la centrifugó. Utilizó la dedocracia para poner otros candidatos en la provincia y las convenciones para desalojarla a ella.
Recrear el radicalismoHoy, la posibilidad de que Lilita, el Bulldog y Margarita se junten y reconstruyan el radicalismo desde afuera, genera sopor en la Ucr oficial. Tienen miedo. Si ese entendimiento llega a su fin, no habrá disputa por el poder real, sino solamente por la representatividad y autenticidad del radicalismo.
Y quedará claro a quiénes van a votar los radicales. Esta semana Margarita me dijo que habían recibido muchas llamadas de todo el país, preguntando cómo sumarse a ese espacio. Un espacio que todavía no se formó, pero que se huele. Un radicalismo, erigido desde las diferencias ideológicas típicas; un radicalismo con matices; pero con consensos. Un radicalismo ampliado, enriquecido por otras fuerzas, un radicalismo abierto.
Parece el escenario ideal. Ideal pero posible. Y a los conductores de la Ucr oficial no les gusta porque no se la esperaban. Creían que la pelea iba a ser con Margarita y con Carrió. Y si se llega a sumar López Murphy el escenario cambia.
Solamente en provincia de Buenos Aires, el radical conservador de los pueblos del interior, ve con simpatía a Ricardo. Ese radical, que nunca hubiera votado a Carrió o a Margarita, y mucho menos al peronista Lavagna, sí hubiera votado a López Murphy. Y ahora le resulta potable esa alianza. En definitiva, "son todos radicales". Una razón bastante inusual para el radical.
Radicales peronistasEntre los radicales, pragmatismo suele ser una mala palabra. Igualmente, preferir el internismo tampoco ha dado resultado. El radical es pragmático cuando no le queda más remedio, como Stolbizer con un partido prestado. O el acuerdo de Alfonsín, Moreau y Storani.
Y esa es una diferencia con el peronismo, que gusta de reinventarse y llevarse puesto al resto de la política. Se arman, se acomodan, se empujan, se pelean, se juntan. Pero todo termina en Perón. "Todos somos peronistas", dicen. Y asunto terminado.
Inclusive, en este momento, si hablamos de pragmatismo y vocación de poder, hay un grupo de radicales a los que no les importa la Ucr, en lo más mínimo. Los radicales K. Los únicos capaces de entender lo que es conveniente para ellos y para sus distritos en este momento. Para algunos eso es lamentable. Yo digo que se manejaron acorde a estos tiempos, con algo de necesidad y con una cierta astucia.
Habrá que ver hasta dónde pueden llegar, si es que serán importantes para la estructura a la que acompañan o es sólo una tibia muestra de pluralidad. Habrá que ver hasta dónde soportan gobernar junto al peronismo. Llenar sus gabinetes de peronistas, resignarse a ocupar lugares que no tenían ganas. Habrá que ver cuáles son los límites que se pondrán, cuando el poder los acompañe junto al peronismo.